software libre

Dos paradigmas: Cooperación-Competencia

 

La confrontación software libre-software privativo o cerrado va mucho más allá de la conveniencia de liberar o no el código. Cada uno responde a un paradigma distinto, a una forma de entender el software, el trabajo y en definitiva los ideales que dirigen la propia vida.

 

Estos paradigmas se comprenden desde la metáfora del "bazar y la catedral". Por un lado, la gran catedral se construye lentamente, perfectamente planificada por una élite para conseguir una estructura estable y ordenada. Por otro, el bazar es una estructura en red, dinámica y flexible, que se construye por la aportación en la medida de cada uno y sin una jerarquía ni élite dominante que planifique su desarrollo.

 

 

El software de código cerrado sigue la lógica habitual del sistema capitalista, en el que la competencia y el egoísmo individual son los principales motores de desarrollo. El objetivo es individual (del individuo o de la empresa), esforzándose en el trabajo únicamente por el premio material a conseguir, en forma de dinero. No se deben revelar los avances surgidos a otros, ya que si se copian podrían comercializar antes la idea propia. La eficacia y rapidez son capitales, pues varias empresas pueden estar investigando lo mismo sin compartir información y compitiendo entre sí, y sólo la que antes llegue a la meta podrá conseguir el premio.

 

Por el contrario, en el software libre, se sigue una concepción libertaria y social, en la que la cooperación, la autorrealización y el beneficio social son los principales motores de desarrollo. El objetivo es colectivo, pues es una tarea de la comunidad. El esfuerzo individual se ve impulsado por la pasión en trabajar en lo que permite realizarse a uno mismo, y en el bien social que se consigue como producto del trabajo. Así, no existe compensación material, únicamente inmaterial: alegría, reconocimiento social, autorrealización. Es una necesidad comunicarse y compartir continuamente, para que no haya diversos grupos de desarrolladores ocupándose del mismo problema, y a la vez se puedan aprovechar los resultados de otros. La utilidad y flexibilidad de los programas priman frente a la rapidez de terminarlos.

 

Es inmediato descubrir cómo el software libre no sólo permite trabajar de una forma abierta y libertaria, que choca con las bases del Sistema. También es mucho más eficiente, pues no se dedican recursos de más en cada rama de investigación, frente a las empresas que investigan paralelamente lo mismo. Además, al mantener cantidades inmensas de voluntarios para detectar (¡y solucionar!) posibles errores, los programas libres maduros tienden a una cantidad mínima de agujeros. frente a la innumerable cantidad de los programas cerrados como Windows, en los que solamente un puñado de programadores pueden modificar el código.

 

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