Antes de entrar en el tema que nos ocupa, se hace necesaria una reflexión previa. El que Internet implique ciertos escenarios políticos conlleva una premisa muy trascendente: ¿puede la tecnología ser política?
El profesor norteamericano Langdon Winner ya se cuestionó este tema en su famoso artículo "¿Tienen política los artefactos?", y lo resolvió con éxito. La postura clásica de sociólogos y politólogos es ignorar la tecnología en sus explicaciones de la sociedad, por ser la postura más cómoda. Y cuando le otorgan alguna atención, se adscriben al "determinismo social de la tecnología", que contempla las consecuencias de ésta como un mero producto del sistema social. El mito de "la neutralidad de la tecnología" está muy extendido en nuestra sociedad, y alcanza al ámbito académico cuando se trata de los legos en la materia.
Aun así, Winner no se adscribe ni mucho menos al determinismo tecnológico, que coloca a los artefactos como motor de las sociedades. Así sería el ejemplo de que el estribo permitió el uso de lanza de caballería, lo que daría mucho peso al "caballero" y provocaría la aparición de las órdenes de caballería. Y sin la existencia de estas, el feudalismo no sería posible. Así pues, desde una perspectiva tecno-determinista, el estribo habría sido el desencadenante formador de la estructura social feudal. Así, encontramos en esta corriente el precedente a la hora de imbuir política en la tecnología.
En la teoría winneriana encontramos dos vías en que se divide el peso político de la técnica: mediante decisiones políticas a priori que influirán en el uso del objeto, y mediante ingenios implícitamente políticos. En el primer caso los ejemplos son innumerables y fáciles de encontrar: aulas diseñadas para mantener una comunicación unidireccional, máquinas para forzar a los obreros a trabajar de determinada forma, buenas carreteras uniendo únicamente lugares que conviene comunicar. En el segundo caso, es más complicado el análisis, aunque se propone un ejemplo muy claro: cómo una central nuclear implica un poder centralizado, un orden rígido jerárquico, una fuerte protección militar; y por el contrario, la energía solar promueve implícitamente la descentralización, la autonomía y la horizontalidad.
Es en este contexto donde retomamos la cuestión inicial: ahora sí cabe que Internet se pueda entender como implícitamente política, y así servir como impulsor de un nuevo esquema socio-político.